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ULTIMO MOMENTO!!!

Doctor Tangalanga
El libro de oro
Tangalanga tiene en su haber 4.000 llamadas, 3
libros, 400.000 casetes y CD vendidos de sus 42
títulos, 120 shows realizados en la Argentina,
México, Uruguay y Chile; le publicaron 80 notas en
diarios nacionales y extranjeros, más intervenciones
en televisión, sus increíbles noches en la Rock &
Pop con Matías Martin, y su sitio en Internet, que
lo catapultan definitivamente al estrellato,
colocándolo como uno de los sitios argentinos más
buscados. Es el ídolo de artistas nacionales y
extranjeros, con millones de fans en todo el mundo
que usan su risoterapia, es el genial creador
de frases que hoy son de culto e ilustran las
remeras de los jóvenes.
Si Dios lo puso en este mundo para llevar alegría,
podemos decir que su tarea está cumplida.
Sandro: “Vení acá, tomamos unos mates y jodemos a
medio mundo”.
Tangalanga: “No, Sandro, vos vivís en el orto del
mundo”.
El Puma Rodríguez: “En Miami escuchamos tus
grabaciones, y lo que no entiendo se lo pregunto a
Mateyko”.
Tato Bores: “Tangalanga, ¿quién te escribe los
libretos?”
Susana Giménez: “Me río con tus grabaciones”.
Charly García: “Gracias a vos, cuando estuve
internado me cagaba de risa”.
Bambino Veira: “Cuando era técnico, poníamos tus
casetes desde la salida de la concentración hasta el
estadio”.
Spinetta: “Hace 20 años que no paso un día sin
escuchar uno de tus casetes”.
Tangalanga (sobre el gol de Diego con la mano): “El
punto me dijo que no era legal”.
Maradona: “El que no era legal era él, y me reí
mucho con ese llamado”.
Este clásico personaje de Buenos Aires empezó a
realizar las grabaciones de sus cargadas telefónicas
para alegrar a un amigo que estaba muy enfermo. En
los lejanos años de la década de los sesenta grababa
sus conversaciones con aquellos a quienes quería
castigar con la risa. Su querido amigo Sixto, para
quien hacía esas bromas, le dijo a Tato Bores antes
de fallecer: “Gracias a él no me muero triste”.
Su humor lo ha llevado a que decenas de miles de
casetes y CD con sus geniales conversaciones
circulen por todo el mundo. Internet terminó por
consolidar su figura y miles de páginas recogen sus
ocurrencias. Su carrera en los escenarios empezó
recién a los ochenta años, cuando su manager Roberto
lo convenció de que miles de fans lo querían ver en
vivo; por ese motivo aceptó presentarse en La Casona
del Conde de Palermo, en el Bauen, en el Paseo La
Plaza y en La Trastienda, entre otros lugares. Este
gerente de una empresa internacional
—que desde su cargo recomendó a Susana Giménez para
el aviso con el que inició su fabulosa carrera—
realizó 4.000 llamadas y llenó teatros en México,
Chile y Uruguay. Creó fundaciones para colaborar con
investigaciones médicas y trabajó en hospitales para
estas mismas fundaciones con el propósito de ayudar
a los enfermos más desprotegidos.
Para que su veta humorística no molestara la
actividad “seria” que tuvo como gerente a lo largo
de cinco décadas, comenzó a presentarse —primero en
la televisión y luego en los teatros— detrás de
espesos bigotes y barba, y con una gorra sobre su
cabeza. Hoy en día, muchos ya saben cuál es el
nombre que está detrás del Doctor Tangalanga, pero
ese atavío es una marca de fábrica que seguirá
usando cuando tenga que decir: “De parte de
Tangalanga...”
Con una filosofía de vida donde el humor es el motor
central, ha llegado a los noventa y dos años en
plena actividad, trabajando a sala llena y siendo
auténticamente feliz. Sin una real conciencia de la
dimensión de su fama, en la actualidad recibe
correos electrónicos de más de cincuenta países en
los cuales le cuentan y le agradecen su humor que,
en muchos casos, ha sacado a quienes le escriben de
la depresión o los ha reconfortado en situaciones
límite.
Como por obra de magia, todas sus llamadas se
escuchan repetidas veces, y siempre siguen causando
gracia. En este libro hay una selección sin censura
de sus mejores conversaciones, muchas de las cuales
son memorizadas por fans de todas las edades. “Sé
que jodo a uno, pero se ríen miles”, ha dicho
Tangalanga como un modo sencillo de explicarnos el
sentido de sus conversaciones telefónicas.
Este misterioso personaje, que realizó durante toda
su vida actividades benéficas casi desde el
anonimato, este Dr. Jekyll y Mr. Hyde del humor,
estudiado por filósofos e investigadores de la
comunicación por su peculiar manera de mantener a su
“víctima” prendida al teléfono, como hipnotizada,
cuenta su vida por primera vez.
El libro encierra una filosofía de vida cuya clave
es el humor y que, según Tangalanga, es la única
llave para superar, con felicidad, los noventa años.
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